Mecanismos e instrumentos para la construcción de una Industria Cultural Nacional de Bienes y Servicios Digitales en Venezuela

Para la construcción de un ecosistema próspero para las Industrias Culturales es necesario que estén dadas una serie de condiciones en materia de políticas públicas, formación, organización y financiamiento, orientadas al impulso y consolidación de emprendimientos sociales en la materia, entre otras actividades similares y/o conexas, en especial las relacionadas con bienes y servicios digitales.

Dentro de las políticas públicas se encuentra como piedra angular el Marco Legal, con leyes y decretos orientados hacia el estímulo de la producción artística, propiciando el apoyo, impulso, promoción y protección de los creadores, creadoras y todos los individuos, comunidades, empresas y otras organizaciones que forman parte de la cadena de valor de las industrias culturales en favor de crear las condiciones para garantizar tanto el ejercicio de sus libertades individuales como su participación activa y protagónica en el proceso de desarrollo, de igual manera este Marco Legal debe apuntar a crear una serie de incentivos fiscales para las empresas y otras organizaciones que apoyen el emprendimiento social, la actividad social y comercial y la consolidación de las Industrias Culturales.

En el apartado de las Industrias Culturales cuya operación esté ligada a la producción de bienes y servicios digitales, las políticas públicas deben abordar programas de concientización en materia de cultura digital, esto es para superar la brecha tecnológica y el mito de la intangibilidad de los bienes y servicios digitales, tanto a nivel del imaginario social, como a nivel de cultura económica, entendiéndose a estos bienes y servicios como mecanismos fiables y rentables de producción de riquezas, y que a su vez son mucho más versátiles y con ciclos de producción y retorno de inversión más cortos que los sistemas de producción de mercancías tradicionales, y sobre todo, con mayores facilidades para los procesos de importación, exportación e inserción en el mercado global. Igualmente es necesario fortalecer la plataforma de servicios de telecomunicaciones y acceso a internet existentes, en aras de la prospectiva del aumento del nivel de “Penetración Tecnológica”[1], y del tráfico en internet por la cantidad cantidad de comunicaciones simultáneas -que se deriven de la producción de bienes y prestación de servicios digitales-, y adicional concientizar sobre la “Ecología de la Red”[2], reduciendo el tráfico y la acumulación de datos innecesarios en la nube, lo cual además tiene implicaciones directas en el ahorro energético. Estas políticas, a su vez, serían vinculantes con otras áreas de producción de bienes y prestación de servicios digitales, donde -aún hoy- se presentan grandes vacíos legales y políticos que han truncado -en mayor o menor medida- el desarrollo de modelos de negocios relacionados con estos rubros.

Como una primera iniciativa en materia de políticas públicas está la creación de un “Mapa Situacional e Inventario de las Industrias Culturales, la actividad y la producción cultural”, delimitado a nivel zonal según el ámbito de competencia del o los entes ejecutantes del levantamiento de información. Las características estructurales de este mapa deben apuntar a la construcción de un “Cuadro de Mando Integral”[3] para el manejo de indicadores que faciliten los procesos de gerencia, administración y toma de decisiones sobre la actividad cultural, así como el diseño de políticas acertadas en la o las zonas donde se aplique. Para facilitar la cooperación, el sistema de información para el acopio de los datos debe estar diseñado bajo estándares de “Datos Abiertos”[4] (Open Data), y debe basarse en un modelo dinámico para una actualización constante de la información recopilada. También debe ser escalable, e implementar tecnologías de sistemas CRM Social[5] que permita -además de una relación más cercana y directa con las personas y organizaciones objeto del estudio- establecer una relación biunívoca entre la información estadística y la documental, trayendo como resultado que las estadísticas correspondan a experiencias reales documentadas en el sistema -de ser posible suministrada directamente por las mismas personas y organizaciones objeto del estudio- y se organice la información de acuerdo a reglas bien específicas de organización de metadatos que arrojen resultados estadísticos precisos, reales y acertados. La información cargada al sistema debe ser auditable y verificable de forma expedita y simple. Como mecanismos complementarios al sistema de información se encuentran los diagnósticos participativos, mesas de trabajo y de concertación estratégica, capacitación y certificación en el uso de aplicaciones para el levantamiento de información y el debido acompañamiento a las personas y organizaciones con asistencia por parte de trabajadores sociales y profesionales de las tecnologías de la información, administración, gerencia, psicología y relaciones industriales.

El emprendimiento nunca es tarea fácil, y cuando hablamos de Emprendimiento Social[6] que implica un nuevo paradigma de trabajo, modelo de negocios y gestión financiera del emprendimiento, donde “el dinero no es la causa, sino una consecuencia del trabajo”, consolidar los procesos organizacionales en esta materia pueden resultar un poco más complejos que los emprendimientos convencionales. Por lo cual una “Escuela de formación de Emprendedores Sociales en el ámbito de las Industrias Culturales”, resultaría fundamental para acompañar con herramientas académicas y vivenciales los procesos de formación de emprendedores y garantizar que estos emprendimientos se consoliden en modelos de negocios estables, rentables y sostenibles. Con un modelo de formación orientado a la administración por proyectos y elementos transversales como la gestión de la calidad, la innovación y la sostenibilidad, el programa de formación no debe comprender sólo el adiestramiento, sino además la certificación de competencias y el debido acompañamiento financiero para el sano desarrollo de la actividad productiva.

En el ámbito específico de la producción de bienes y servicios digitales la escuela deberá tener programas separados para el desarrollo de competencias en materia creativa, administración de Industrias Culturales y la producción bienes y servicios digitales, que permitan ante todo el entendimiento y trabajo articulado entre estos tres componentes básicos de una Industria Cultural de Bienes y Servicios Digitales, y que no necesariamente deban manejarse los tres componentes por parte de una misma persona, grupo de trabajo u organización, y que estos componentes puedan articularse de forma complementaria, para lograr el objetivo per se del programa de formación, que es la producción de bienes y servicios digitales provenientes de las Industrias Culturales. Adicional en lo que respecta a las exportaciones la escuela deberá contar con programas especializados en materia de gestión de la calidad, especificaciones y estándares para productos y servicios a insertarse los mercados objeto de las exportaciones a realizar.

En materia financiera, entre los mecanismos -o estrategias- de financiamiento para estimular estos emprendimientos sociales y otras formas de emprendimiento y modelos de negocios podemos se pueden destacar la Responsabilidad Social Empresarial; los Fondos Gubernamentales; los Fondos de Inversión de Riesgo; los Fondos Multilaterales; los Fondos Privados; el Micromecenazgo (Crowdfounding) y los Créditos Bancarios.

La Responsabilidad Social Empresarial, a los afectos del fortalecimiento de las Industrias Culturales debe considerarse tanto como mecanismo de inversión descentralizado por la vía de donaciones y liberalidades, como mecanismo de inversión en la propia empresa -RSE interna- para el fortalecimiento de sus procesos productivos a través de la intervención del ambiente laboral, capacitación, esparcimiento y demás actividades que contribuyan en el mejoramiento de la calidad de vida de los trabajadores y trabajadoras de la empresa y demás miembros de la comunidad empresarial, por medio de la inserción de bienes y servicios derivados de la actividad de las industrias culturales.

En una relación más estrecha entre la Responsabilidad Social Empresarial y el emprendimiento social de las industrias culturales, según el marco legal venezolano vigente, las empresas pueden hacer transferencias de fondos a organizaciones sin fines de lucro -a modo de liberalidad- y esta transferencia podrá ser deducible del pago del impuesto sobre la renta, siempre y cuando la organización beneficiaria cuente previamente con la aprobación del Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria (SENIAT) para recibir recursos por esta vía y que la Comisión de Fiscalización del SENIAT lo apruebe. Otras formas de financiar estas actividades son que todos los gastos se realicen desde un centro de costos de la o las empresas que decidan financiar este emprendimiento -lo cual también podrá ser deducible si la Comisión de Fiscalización lo aprueba-. Una tercera opción sería la de realizar un convenio con un ente gubernamental y que este sea el receptor y garante del debido uso de los recursos financieros y materiales para el desarrollo del emprendimiento -por vía de donación- e igualmente estas donaciones podrán ser deducibles bajo las mismas condiciones anteriormente descritas.

Los Fondos Gubernamentales, siempre han sido una buena opción para el financiamiento de las industrias culturales -y quizá sea la fórmula más usada hasta ahora-, ya sea a través de programas especializados de apoyo y financiamiento ya existentes, como la conformación de nuevos fondos que adicional a usar los recursos provenientes de las arcas nacionales, puedan solicitar y acopiar recursos financieros y materiales provenientes del sector privado a nivel nacional e internacional, igualmente captar recursos de parte de Fondos Multilaterales y Fondos Privados. La única limitante observada hasta ahora para recibir financiamiento por parte de fondos gubernamentales para emprendimientos de industrias culturales para la producción de bienes y servicios digitales, es el solapamiento y -a su vez- indefinición entre los entes públicos con competencia para la cultura y los entes públicos con competencia para ciencia, tecnología e innovación, dejando una brecha para los proyectos que se encuentran íntimamente ligados a ambas áreas.

Por la naturaleza innovadora de los proyectos relacionados con emprendimientos en materia de Industrias Culturales y en especial el área de bienes y servicios digitales, una opción viable son los Fondos de Inversión de Riesgo, cuya razón de ser es financiar proyectos con una alta factibilidad pero que por ser innovadores corre un riesgo alto el retorno de la inversión. Este tipo de fondos a nivel internacional son sobre todo históricamente reconocidos por el impulso de la industria del Software en los años ochenta, como fue el caso de Microsoft, por citar un ejemplo.

De forma descentralizada y directa los Fondos Multilaterales y los Fondos Privados son también muy buena opción de financiamiento para las industrias culturales, aunque la forma tradicional de acceder a recursos provenientes de estas fuentes es a través de convocatorias -abiertas o cerradas- las cuales se rigen por términos y condiciones particulares derivadas de los criterios de cada organización para realizar dichos financiamientos, las cuales podrían no satisfacer las necesidades y expectativas de los emprendedores sociales en sus primeras etapas de desarrollo.

Una tendencia reciente -y cada vez más usada- para obtener financiamiento es a través de portales de internet para el Micromecenazgo (Crowdfounding), existen diversas plataformas para la difusión de campañas de solicitud de financiamiento, así como el acopio de recursos por esta vía, y más recientemente portales especializados para artistas e intercambios culturales.

No hay que descuidar que las Industrias Culturales son unidades productivas y generadoras de renta per se, por lo que los Créditos Bancarios -tradicionales- no dejan de ser una opción viable para obtener financiamiento, aunque actualmente en Venezuela, existen algunos vacíos en cuanto a las políticas de inversión por parte de la banca -tanto pública como privada- en materia de producción de bienes y servicios digitales. También habrá que concientizar al personal responsable de la toma de decisiones para créditos en las instituciones bancarias sobre los niveles de rentabilidad de las Industrias Culturales en sus actividades productivas.

Una alternativa mixta -entre las anteriormente descritas- es la Responsabilidad Social Empresarial de la Banca, la cual a través de sus políticas de inversión social puede tramitar créditos especiales para emprendimientos sociales en materia de Industrias Culturales, estas inversiones pueden ser fondos retornables y no retornables dependiendo del objetivo de la inversión y población atendida, estas inversiones especiales contribuirían sobremanera al impulso de las Industrias Culturales, como motor productivo y la inserción de nuevas unidades productivas y rentables al sistema bancario.

Por otra parte la inversión social proveniente de la Banca para el impulso de las Industrias Culturales, dependerá -en mayor o menor medida- de las políticas públicas diseñadas y promovidas para este fin. Por lo que los convenios institucionales -entre entes públicos especializados el área cultural y la banca- es el mecanismo idóneo para incorporar este tipo de apoyo financiero al proceso de impulso y consolidación de las Industrias Culturales en el país. Adicional estos convenios no se limitan a la inversión de la Banca Nacional, sino que través de una estrategia adecuada, se puede conseguir el apoyo de la Banca Internacional -entre otros grupos financieros- que tienen programas de inversión social para el desarrollo de capacidades productivas y la generación de empleo en países en vías de desarrollo como Venezuela.

Dentro de los instrumentos para la construcción y consolidación de una Industria Cultural Nacional de Bienes Digitales en Venezuela se hace necesario crear una “Plataforma Integrada de difusión, comercialización, intercambio y apropiación social de bienes y servicios culturales”, que incluya un portal de internet que cuente con una “Tienda Virtual” -o una serie de tiendas interconectadas que aglutinen y consoliden todas las operaciones comerciales-, que además de las operaciones de compra-venta, haga difusión de la información a través de los mecanismos necesarios de marketing digital, haciendo promoción de los creadores y creadoras, con fichas técnicas estandarizadas de los bienes y servicios en oferta, así como de sus autores y autoras. El portal también deberá incluir un “Sistema de Validación de Certificados de Autenticidad” -para obras de arte, reproducciones y ediciones especiales de libros- como un servicio de garantía para los compradores de estos bienes digitales.

Cuando hablamos de plataforma integrada, no sólo nos referimos a “Software por Servicio”[7], sino también a sistemas de información, aplicaciones de escritorio y aplicaciones para dispositivos móviles. Entre estas podemos destacar un “Sistema de administración de colecciones y bibliotecas digitales” -basado en web semántica y estándares internacionales de catalogación, tal como “Dublín Core[8]– que funcione como gestor de colecciones de libros, obras de arte y otros bienes culturales -físicos o digitales-; y que también funcione como gestor de bibliotecas digitales personales, colectivas e institucionales, así como el registro, sincronización y recomendación de lecturas. Y hacia adentro de las Industrias Culturales sistemas de información especializados en manejo de recursos empresariales (ERP), relación con clientes (CRM) y relación con proveedores (SRM) integrados con sus respectivas plataformas de comercialización en línea.

Retomando el tema financiero, la creación de una “Plataforma de Crowdfounding Nacional” especializada en Industrias Culturales, es un excelente instrumento para la captación de recursos para el financiamiento de las Industrias Culturales Nacionales e Internacionales, lo cual representa también -como modelo de negocios- una oportunidad para organizaciones dedicadas a actividades financieras -como la banca pública y privada- con un enfoque mucho más altruista y que por tratarse de un modelo de negocios de escala global, es una excelente herramienta para la recaudación de divisas. Hasta ahora lo más cercano a operaciones de este tipo en Venezuela, han sido campañas de solicitud de recursos a través de redes sociales y medios de comunicación masivos, que utilizan entre otras herramientas -de forma no automatizada y no integrada- depósitos o transferencias directas a la cuenta del beneficiario o pagos electrónicos a través de pasarelas de pago como “MercadoPago”, la cual -como parte de su política de responsabilidad social empresarial- no establece ningún tipo de retención u comisión para organizaciones sin fines de lucro, que cuenten con la acreditación respectiva por parte del Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria (SENIAT).

Otro aspecto transversal del tema económico y financiero son los instrumentos de cambio, estos instrumentos forman parte de nuestro imaginario colectivo como un medio transable comúnmente aceptado, y como el mundo del arte está ampliamente influenciado por lo simbólico, un nuevo signo cambiario -enmarcado en la tendencia de monedas comunales y sistemas de trueque- resultaría un instrumento positivo y motivador, el cual podría darle valor agregado al trabajo de las comunidades artísticas del país como prosumidores de bienes y servicios culturales. Este nuevo signo cambiario -físico o digital- cuya unidad podría llamarse “Un Culto” -en referencia a la cultura-, “Un Reverón” -en homenaje a uno de los personajes más distinguidos de la historia del arte en Venezuela-, o cualquier otro nombre simbólico y representativo, funcionaría como un instrumento de cambio local en mercados de arte y bienes culturales, y también como un instrumento de cambio en la red nacional de comercios a través de una tarjeta especial de pago.

Otro instrumento o mecanismo de intercambio podría ser un “Banco del Tiempo”[9] , concientizándonos de que el valor real de cambio es el Tiempo de Vida que empleamos para realizar servicios o producir mercancías, esto como un nuevo paradigma de intercambio comercial. La dinámica de operación de este “Banco del Tiempo” se centraría en realizar intercambios de servicios únicamente en razón de la medida de tiempo que implica la ejecución de estos servicios o producción de mercancías -sin incorporar en la cadena de valor de intercambio los insumos e instrumentos materiales para realizar estas actividades, lo cual sería algo adicional a considerar-. Estas operaciones de intercambio podrían realizarse entre artistas y creadores, o entre estos y personas, profesionales -y/o empresas- de otras áreas, que se suscriban al programa, dando espacio al intercambio de servicios logísticos y la facilitación de infraestructura como mecanismos complementarios, valorados bajo una unidad medida de intercambio acordada, relativa -o equivalente- al mismo principio, Tiempo de Vida.

En el marco de estimular el trabajo de las Industrias Culturales e igualmente impulsar la diversificación de exportaciones, una “Plataforma de Bolsa de Trabajo Nacional” la cual podría especializarse además en servicios -o negocios- digitales, es una excelente forma de atomizar la oferta de trabajo, cuyo alcance -al realizar la oferta a través de un portal de internet– podrá abordar tanto el mercado local y nacional, como el mercado internacional. Como una muestra de los servicios que las Industrias Culturales podrían prestar a través de esta plataforma, se encuentran los Servicios Editoriales, en específico los servicios de Corrección Ortotipográfica; Diseño Editorial; Diseño de Portadas; Fotografías e Ilustraciones; Diseño y Redacción de Tarjetas de Regalo -digitales o impresas-; Servicios de Traducción; y Diseño de Sitios de Internet para Libros y/o Proyectos Artísticos.

Como parte de las experiencias de fácil aplicación para el intercambio cultural, promoción y reconocimiento del talento creador y la obra de las Industrias Culturales están los “Concursos Internacionales de Arte y Literatura de Obras Digitales”. Con convocatorias en diversas categorías, con un plazo prudencial para la recepción de obras y una buena difusión a través de redes comunicacionales -nacionales e internacionales- especializadas en arte y cultura, estos concursos además de promover el talento local y el intercambio cultural a escala global, representan una oportunidad sostenible de impulsar los concursos de arte, la premiación y el reconocimiento del talento artístico y creador. Con un arancel de inscripción por obra concursante -y considerando una exoneración para los participantes nacionales-, la recaudación permite cubrir el presupuesto de operación de dichos concursos, incluyendo el premio -en metálico-, los costos de publicación de obras literarias, entre otros costos que la dinámica del concurso amerite, e incluso -de acuerdo al alcance de convocatoria y participación- recaudar un excedente que fortalezca el presupuesto de operación de centros artísticos y culturales del país e instituciones afines encargadas de la realización de este tipo de concursos.

En una perspectiva más extensa del alcance que las Industrias Culturales pueden tener, está el incorporar a las universidades y centros de formación como entes generadores de cultura y conocimiento. Adicional a la producción de libros y guías de estudio, y la adaptación literaria de trabajos de investigación, está la oferta nacional e internacional de formación en línea a través de una “Plataforma de formación y capacitación”, complementada con un “Sistema de certificación de competencias”. Estas experiencias virtuales de formación pueden ser programas formales que estos centros de estudios ya tengan a su disposición como oferta educativa, y que simplemente sean adaptados al espacio virtual, o a través de nuevos programas de estudio bajo el esquema de los MOOC -acrónimo en inglés de Massive Open Online Course o CEMA del español, “Curso en línea Masivo y Abierto”-. Cursos en línea dirigidos a un amplio número de participantes a través de internet según el principio de educación abierta y masiva, cuyo esquema de financiamiento de operación es mucho más abierto y dinámico, sin depender estrictamente del presupuesto nacional o el arancel de inscripción de los participantes de los programas de estudio.

En relación a la oferta internacional y la diversificación de exportaciones en el área de servicios profesionales y educativos -como parte de las Industrias Culturales-, los centros de formación y certificación nacionales especializados en normas internacionales, serían tal vez, las instituciones educativas con mayor atractivo y nivel de competitividad dentro del mercado educativo internacional. Por otra parte las universidades podrían crear empresas de servicios profesionales y asesoría e insertarlas dentro de su abanico de oferta de servicios. A esta última modalidad, podrían incorporarse también los centros de investigación y las empresas -que previamente certificadas- contribuirían a ampliar la oferta de servicios con el aval del centro educativo aliado. No está de más decir que estas prácticas coadyuvarían a la consecución del presupuesto de estos centros educativos -fortaleciendo su autonomía en los casos que aplique-, e incidiendo directamente en una mejora de la remuneración salarial del personal docente que se incorpore a estos programas, y en el mejor de los casos que estas mejoras salariales se extiendan al personal administrativo y obrero, la creación de becas de estudio y becas trabajo. Adicional en las instituciones privadas, esto podría resultar en una reducción significativa del costo de la matricula de estudios para los estudiantes nacionales en los programas académicos formales, facilitando el acceso a la educación superior para quienes no puedan -por diferentes razones- acceder al sistema público de educación superior.

Las Industrias Culturales -como toda gran industria- necesita de buenos cimientos, por lo que la formación y certificación de competencias en área resulta fundamental, pero como todo proceso de desarrollo puede resultar largo y complejo, lo cual aunado al desarrollo de habilidades para la producción de bienes y servicios digitales agudizaría la curva de aprendizaje. Por ende el desarrollo de experiencias “aprender-haciendo” puede convertirse en quizá la práctica más expedita para el desarrollo de competencias, igualmente las experiencias exitosas en el área podrán servir como referentes de estímulo para que cada vez más profesionales y entusiastas del área se incorporen a la tarea de construir y consolidar un sistema de Industrias Culturales próspero y sostenible.

Como una estrategia inicial para la tarea de construir un Sistema de Industrias Culturales con las características esperadas se encuentran los procesos de inducción, sensibilización y orientación a través de charlas, cursos y talleres, los cuales orientados hacia actividades de ciclos de producción más cortos como las Publicaciones Digitales facilitarían en gran medida esta etapa del proceso. La producción de libros digitales -previamente desarrollados en cuanto a contenido-, es quizá la tarea más sencilla en lo que respecta a la producción de bienes digitales que puedan insertarse con facilidad en el mercado nacional e internacional y aunado a la facilidad que brindan los servicios internacionales de impresión bajo demanda, se puede vencer igualmente el falso paradigma de la intangibilidad referida a la producción editorial digital. Actividades como la adaptación literaria de trabajos de investigación y la producción de Libros de Artista, pueden resultar en productos atractivos y distintivos en el mercado editorial global, sumando a su vez esfuerzos al reto que representa la Bibliodiversidad en estos tiempos.

[1] La Penetración Tecnológica o Penetración de Internet se entiende como el porcentaje de hogares y empresas que tienen acceso a internet en e incluye todos los tipos de internet. Según datos de CONATEL para 2015 la tasa de penetración superaba el 61%.

[2] La Ecología de la Red, como reflejo de la ecología, hace referencia a las buenas prácticas orientadas a optimizar el uso de recursos en la red, tales como reducir el tráfico en internet, el uso de un lenguaje cordial para relacionarse en canales digitales y evitar la acumulación innecesaria de archivos en la nube, este último además tiene implicaciones directas con el ahorro energético, ya que la acumulación de archivos, es directamente proporcional a la cantidad de servidores y equipos de red conectados a la red eléctrica.

[3] El Cuadro de Mando Integral (CMI) es una herramienta de gestión empresarial muy útil para medir la evolución de la actividad de una organización, sus objetivos estratégicos y sus resultados, desde un punto de vista estratégico y con una perspectiva general. No solo mide los indicadores financieros, sino todos los indicadores de gestión de la organización de forma relacional.

[4] Datos Abiertos o Open Data es una iniciativa mundial que pretende que los datos e información de las Administraciones Públicas se expongan y hagan accesibles de forma que estén disponibles para su redistribución, reutilización y aprovechamiento por parte de los ciudadanos y las empresas.

[5] CRM del inglés Customer relationship management (Gestión de relaciones con los clientes) es un término de la industria de información para las metodologías, software y las capacidades de Internet por lo general que ayudan a una empresa gestionar las relaciones con los clientes de una manera organizada. El CRM Social nace de la necesidad de recuperar los vínculos personales con los clientes y difiere del CRM tradicional agregando la posibilidad de intercambio y conversación con los clientes.

[6] El Emprendimiento Social, según Álvaro Ramírez de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) “no existe una definición única y universal sobre emprendimiento social, ni tampoco un único tipo. Sin embargo, todo emprendimiento social incluye tres elementos clave: un objetivo social, una innovación transformadora, y un modelo de negocios sostenible”. Por lo que en consecuencia son empresas -entre otras formas de organización- cuya razón de ser es la de satisfacer las necesidades sociales del entorno en el que se desenvuelven de forma rentable y sostenible, en lugar de la mera generación de riqueza que caracteriza a los tradicionales emprendimientos comerciales, sin menoscabo de su compromiso e inversión social.

[7] El Software por Servicio es un modelo de distribución de software donde el soporte lógico y los datos que maneja se alojan en servidores de una compañía de tecnologías de información y comunicación (TIC), a los que se accede vía Internet desde un cliente.

[8] Dublín Core, es un modelo de metadatos elaborado y auspiciado por la DCMI (Dublin Core Metadata Initiative), orientado a la adopción de estándares interoperables de metadatos y promover el desarrollo de vocabularios especializados de metadatos, para describir recursos y permitir la creación de sistemas más inteligentes puedan descubrir estos recursos. Dublin Core se define por la norma ISO 15836:2009, y la norma NISO Z39.85-2012.

[9] Un Banco de Tiempo es un sistema de intercambio de servicios por tiempo. En él la unidad de intercambio no es el dinero habitual sino una medida de tiempo, por ejemplo el trabajo por hora. Es un sistema de intercambio de servicios por servicios o favores por favores. Propone la ventaja de fomentar las relaciones sociales y la igualdad entre distintos estratos económicos. Se plantea el uso de este tipo de economía para solucionar diversos problemas presentes en la economía de mercado, a modo de economías complementarias o mercados alternativos.

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